¡Viva México! ¡Viva China! ¡Viva el taichi!”
El grito todavía me retumba en el pecho. Así cerró el Seminario de la Familia Chen en México: tantas manos aplaudiendo, maestros sonriendo y esa sensación difícil de explicar de haber estado, por tres días, cerca de la fuente misma del taijiquan.
Cuando la fuente viene a ti
Para quien practica estilo Chen, el apellido pesa: en Chenjiagou, el pueblo donde nació el taijiquan hace casi 400 años, el arte se ha transmitido de generación en generación. Por eso este seminario fue histórico: el Gran Maestro Chen Zhenglei, heredero de la undécima generación, llegó a México acompañado de sus hijos Chen Bin, Chen Yuanyuan y Chen Juan, convocado por el Mtro. Agustín Martínez, director de la Escuela Mexicana de Wushu.

El cupo se agotó. Y cuando el salón lleno guardó silencio para la primera conferencia, se sintió eso que sólo pasa cuando algo importante está sucediendo.
Lo que se vivió por dentro

Hay seminarios que se recuerdan por la técnica y otros por la energía; este fue ambas cosas. Forma, qi gong, espada Chen… y sobre todo, correcciones hechas con las manos: un ajuste de postura del maestro y el cuerpo entiende lo que la cabeza llevaba años intentando comprender.

Los maestros de la familia Chen no explican el taichi: lo encarnan. No hay prisa, no hay espectáculo; hay presencia. Y en esa presencia, la energía espiral —el chan si jin del que hemos escrito en el blog— deja de ser un concepto y se vuelve sensación viva. [🔗 Lee aquí el artículo “El Corazón del Estilo Chen“]
Un evento que también hizo historia fuera del salón
La magnitud del momento no pasó desapercibida: Revista Katana dio cobertura al seminario y entrevistó al GM Chen Zhenglei, a sus hijos y al Mtro. Agustín Martínez. Que los medios especializados volteen a ver al taichi en México confirma algo que ya sentimos en el cuerpo: esta práctica está creciendo con seriedad, con linaje y con comunidad.
Tres cosas que me llevo
- El linaje no es un trofeo: es una responsabilidad. Recibir la enseñanza de la familia implica cuidarla y compartirla.
- La suavidad también es poder. Ver a maestros de esta talla moverse con calma absoluta redefine lo que entendemos por fuerza.
- La familia no es solo sangre. Tres días bastaron para que el salón se sintiera como una gran familia unida por el movimiento.

Esto no es un final, es una semilla
Si nunca has practicado taichi, que esta crónica sea tu invitación. Y si ya practicas, ojalá estas líneas te transmitan un poco de lo que se sintió, porque el taichi no se aprende mirándolo: se aprende practicándolo.
¡Nos vemos en la práctica!. 🐉
P. D. En el próximo artículo del blog te compartiré los 9 sonidos curativos: una guía detallada para que la vibración también sane. No te lo pierdas.









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